El Diorama. Monumento al Mío Mío. Carrizales.
Luego de su brillante oficialidad en la campaña de los Andes donde fue bautizado el león de Riobamba y de sus triunfos en Brasil, Juan Galo Lavalle se había afilado todos sus dientes para comerse al país entero.
En 1829 las fronteras de la Argentina eran otras. Lavalle quería pintar de unitario toda la geografía nacional, pero en Carrizales se iba a estrellar contra un muro infranqueable.
Es importante comprender lo que significa la línea roja: si la cruzaba, se devoraba el país entero.
El monumento es un diorama. Dos arquitecturas que, tendidas horizontalmente y a distintas escalas, se incrustan una sobre la otra.
La primera es el contorno de la Argentina de aquel tiempo que busca el polígono de Carrizales para posarse sobre él.
La segunda, que nace en el obelisco y se expande hacia adelante y hacia los costados, representa la intención de Lavalle. Ese triángulo interrumpido por el muro federal del mío mío recupera su tamaño real para también posarse sobre el polígono de Carrizales.
El monumento comienza con un obelisquito que, traspolado desde el original de Buenos Aires, mira directamente hacia el interior.
La avenida representa el viaje de Lavalle hasta Carrizales. Las huellas de la caballada unitaria van desapareciendo a medida que comen mío mío. Y antes de llegar a la majestuosidad de López, el diorama muestra la grieta que desune a Buenos Aires con el interior, grieta que aún pervive.
Estanislao López lo espera sin preocupación mientras dialoga con José Artigas, Francisco Candioti y Mariano Vera. Levanta su brazo derecho y con la palma de su mano hacia adelante le dice: “para”.
Los imponentes caudillos federales acá arriba, que contrastan con el pequeño obelisco allá abajo, son lo extenso del país y la miniatura del puerto.
A los costados, el grito “mío mío” simboliza la fuerza sucumbiendo ante la inteligencia, y 1829, año de la derrota unitaria.
Luego los barrotes de bronce van dibujando la silueta del país de aquel tiempo, para terminar con el león de Riobamba regresando vencido a Buenos Aires.
La obra se completa con una sala de interpretación virtual en su vientre, donde también se aprecian los barrotes de bronce que, arraigados en lo más profundo de nuestra nación, todavía agrietan el país.
En 1829 las fronteras de la Argentina eran otras. Lavalle quería pintar de unitario toda la geografía nacional, pero en Carrizales se iba a estrellar contra un muro infranqueable.
Es importante comprender lo que significa la línea roja: si la cruzaba, se devoraba el país entero.
El monumento es un diorama. Dos arquitecturas que, tendidas horizontalmente y a distintas escalas, se incrustan una sobre la otra.
La primera es el contorno de la Argentina de aquel tiempo que busca el polígono de Carrizales para posarse sobre él.
La segunda, que nace en el obelisco y se expande hacia adelante y hacia los costados, representa la intención de Lavalle. Ese triángulo interrumpido por el muro federal del mío mío recupera su tamaño real para también posarse sobre el polígono de Carrizales.
El monumento comienza con un obelisquito que, traspolado desde el original de Buenos Aires, mira directamente hacia el interior.
La avenida representa el viaje de Lavalle hasta Carrizales. Las huellas de la caballada unitaria van desapareciendo a medida que comen mío mío. Y antes de llegar a la majestuosidad de López, el diorama muestra la grieta que desune a Buenos Aires con el interior, grieta que aún pervive.
Estanislao López lo espera sin preocupación mientras dialoga con José Artigas, Francisco Candioti y Mariano Vera. Levanta su brazo derecho y con la palma de su mano hacia adelante le dice: “para”.
Los imponentes caudillos federales acá arriba, que contrastan con el pequeño obelisco allá abajo, son lo extenso del país y la miniatura del puerto.
A los costados, el grito “mío mío” simboliza la fuerza sucumbiendo ante la inteligencia, y 1829, año de la derrota unitaria.
Luego los barrotes de bronce van dibujando la silueta del país de aquel tiempo, para terminar con el león de Riobamba regresando vencido a Buenos Aires.
La obra se completa con una sala de interpretación virtual en su vientre, donde también se aprecian los barrotes de bronce que, arraigados en lo más profundo de nuestra nación, todavía agrietan el país.

















